Una herida que no sana

El siguiente artículo fue redactado por Juan Pablo Otrosky de General Pico, Argentina.

El 1 de mayo es un día que cala hondo en el automovilismo. En este día, pero en 1994, el deporte motor sufrió uno de los golpes más fuertes en toda su historia. En medio de un fin de semana manchado con sangre y totalmente convulsionado, Ayrton Senna, uno de los mejores pilotos de la historia del automovilismo, fallecía en un accidente en el Gran Premio de San Marino de Fórmula 1.

La muerte de Senna no solo fue un golpe tremendo para la Fórmula 1 y el mundo del deporte en general, significó un punto de inflexión que marcó un antes y un después en el deporte motor. Tras la muerte del brasileño y del austríaco Roland Ratzenberger, se comenzó a trabajar a destajo para mejorar la seguridad de los vehículos de competición, a fin de reducir el riesgo de accidentes e intentar, infructuosamente, reducir la tasa de mortalidad en pista. Hoy, habiéndose cumplido 26 años de aquel infausto primero de mayo de 1994, la pérdida de Ayrton Senna sigue doliendo en el mundo del deporte y es una herida que no cierra, y quizás nunca cerrará.

Sabido es que la muerte de Senna no fue el único hecho trágico que se desató en aquel fin de semana en Imola. La tercera ronda de la Temporada 1994 de la Fórmula 1 comenzaba su actividad el viernes 29 de abril en el Autódromo Enzo e Dino Ferrari de Imola, Italia, con un espeluznante accidente del joven brasileño Rubens Barrichello, que chocó su Jordan a 225 km/h en la Variante Bassa del circuito italiano. Al ver las escenas del accidente, todos en el circuito incluido el propio Senna, temieron lo peor, aunque luego se tranquilizaron al saber que Barrichello se encontraba bien, a pesar de tener algunas fracturas. Dicen que Ayrton Senna temió por la integridad física de su compañero e incluso lo visitó en el hospital del circuito, violando las medidas de seguridad del sitio y se serenó al saber que su compatriota había sobrevivido a semejante accidente.

El sábado 30 la actividad retomó con normalidad, pasado ya el susto del incidente de Barrichello. Pero la calma duraría solo 20 minutos, ya que apenas iniciada la sesión de clasificación, el Simtek del piloto austríaco Roland Ratzenberger se estrelló en la Variante Villeneuve, a 306 km/h. El impacto fue terrorífico y todos temían lo peor, algo que se confirmaría poco tiempo después: Ratzenberger sucumbió debido a las heridas sufridas en el accidente. Era la primera vez, desde el Gran Premio de Canadá de 1982 con la muerte de Riccardo Paletti, que un piloto fallecía en una competencia puntuable de Fórmula 1. Ratzenberger tenía 28 años y estaba disputando su tercera carrera en la Máxima Categoría del Automovilismo Mundial con la escudería Simtek, un equipo que debutaba en 1994.

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El ambiente entero se consternó al saber la noticia del fallecimiento de Ratzenberger. La sesión de clasificación se canceló y el ambiente era de mucha pesadumbre y tristeza. Ayrton Senna, al enterarse de la muerte de su colega austríaco, se derrumbó en llanto ante Sid Watkins, el jefe médico de la Fórmula 1. Watkins le dijo a Senna que no compitiera en San Marino, ya había demostrado todo lo que tenía para demostrar y lo invitó a pescar. Senna siguió su instinto competitivo y le dijo que había cosas que no podía controlar, debía continuar a pesar de la tragedia.

Colegas y personas cercanas al piloto paulista, decían que en ese fin de semana en Imola, Senna estaba raro. Lo veían dubitativo y decaído, algo extremadamente raro en él. Estaba visiblemente consternado por los sucesos de ese fin de semana, pero aún así, él decidió continuar. Había conseguido la pole position el sábado y tenía la ambición de lograr la victoria en el circuito italiano. En las dos primeras carreras de la temporada, había arrastrado problemas que lo alejaron de la victoria, siendo vencido por el Benetton de Michael Schumacher. Cuando el Gran Premio se aprestaba a comenzar, la desgracia volvió a aparecer cuando J.J. Lehto se quedó parado en la largada y sus contrincantes tuvieron que esquivarlo como pudieron, pero Pedro Lamy lo embistió por detrás. La carrera se tuvo que detener, pero por fortuna los pilotos involucrados en el accidente salieron indemnes.

Con el auto de seguridad en pista, que ingresó tras el incidente, Senna comenzó a calentar los neumáticos estando en primera posición detrás del Safety Car. Se lo notaba inquieto, porque el coche de seguridad iba muy lento y los neumáticos tardaban en calentarse. Cuando el Safety Car salió de pista, la carrera se relanzó y Senna picó en punta. Llevadas ya dos vueltas después del relanzamiento, Ayrton iba primero, siendo perseguido por Michael Schumacher, cuando el Williams del brasileño se salió de pista en la curva Tamburello, a más de 310 km/h. Eran las 14:15 del 1 de mayo de 1994. En el Autódromo Enzo e Dino Ferrari, el mundo se había parado. Tras el escalofriante accidente, se desplegó la bandera roja y automáticamente acudieron los servicios de emergencia y rescate para socorrer a Senna.

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Las transmisiones de televisión mostraban a un Senna inerte dentro del vehículo, visiblemente destrozado tras impactar de lleno contra un muro, en el sector más rápido del circuito. Los rescatistas lograron extraerlo del vehículo y luego fue trasladado en helicóptero hacia un hospital en Bolonia. La carrera se relanzó y fue ganada por Michael Schumacher, escoltado por el Ferrari de Nicola Larini y el McLaren de Mika Häkkinen.

Dos horas y media después de la finalización de la carrera, 18:40 hora local, se confirmó la peor noticia: Ayrton Senna había muerto. Se dijo que murió instantáneamente, dentro del circuito, debido a que un pedazo de suspensión atravesó el casco tras el impacto contra el muro y esta pieza se incrustó en su cráneo. Se dice que, durante la inspección al vehículo de Senna, se encontró una bandera austríaca en su interior. La intención de Senna era desplegarla al final de la carrera para dedicarle una hipotética victoria a Roland Ratzenberger, quien había muerto el día sábado.

El 5 de mayo, Senna recibió un funeral de estado en San Pablo, Brasil, su ciudad natal. Asistieron más de 500.000 personas y asistieron grandes personalidades del automovilismo, como pilotos, ex pilotos y dirigentes. Alain Prost, su eterno rival dentro y fuera de las pistas, acompañó al féretro. La muerte de Senna consternó a todo Brasil, quien consideraba al piloto paulista como uno de sus máximos ídolos y referentes deportivos, se había ganado el cariño y respeto de todo su pueblo gracias a sus logros en la pista y su personalidad. La tragedia de San Marino significó un punto de inflexión, no solo para la Fórmula 1, sino para el automovilismo en general. Las muertes de Senna y Ratzenberger, sumado al accidente de Rubens Barrichello, obligaron a la FIA a trabajar más en la seguridad de los autos y de los circuitos, a fin de resguardar la integridad física de los pilotos.

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Tras San Marino ’94, se reestableció la Asociación de Pilotos de Grandes Premios, a fin de ser un canal comunicativo de los pilotos para bregar por cuestiones de seguridad. Por muchos años, la tragedia de San Marino fue el último gran incidente en el mundo automovilístico global y se creyó que la seguridad en el deporte motor había llegado a su punto álgido. Pero en un deporte tan riesgoso como lo es el automovilismo, la seguridad nunca está totalmente garantizada y la sombría presencia de la muerte no se disipa. Los accidentes de Jules Bianchi en 2014, Justin Wilson en 2015 y Anthoine Hubert en 2019 solo son algunos ejemplos de que la fatalidad sigue presente en el deporte motor, a pesar de todo.

En el Gran Premio de San Marino de 1994, se fue un piloto legendario como Ayrton Senna, un piloto que supo forjar su leyenda a base de épicas actuaciones en pista, victorias memorables y tres campeonatos del mundo que sirvieron para inmortalizar el legado de un hombre que traspasó los límites y se convirtió en un ídolo global y referente mundial del automovilismo, inspirando a generaciones enteras de aficionados y pilotos. Su muerte sigue siendo en la actualidad, un hecho luctuoso que duele recordar y que, pasados ya 26 largos años de su suceso, cuesta explicar. Su leyenda quedó trunca en un muro, pero su legado sigue vivo y su muerte sirvió para reforzar las medidas de seguridad de los circuitos y autos de carrera, además de priorizar la integridad de todo el personal del automovilismo antes que cualquier otro factor.

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